Lo confirmó la empresa 3M. La compra que hizo el gobierno porteño, además de estar «inflada» era de mala calidad.

Si tiene cuatro patas, cola y ladra, seguro es un perro. Y, si la venta tuvo sobreprecios, la hizo una empresa fantasma creada para tal fin y utilizó material vencido, como confirmaron, seguro es un acto de corrupción.

En esto anda el gobierno porteño por estos días de pandemia, en los cuales salió a la luz el negociado de los barbijos truchos, quizás solamente por el hecho de que el coronavirus esté en el centro de la escena mediática y todos estemos en nuestras casas.

Esta semana, la empresa multinacional 3M, según informa el sitio Infobae «se encargó de averiguar los detalles de la maniobra y terminó descubriendo que la partida entregada, del modelo 8577, fueron fabricados en mayo de 2013 y no pueden ser utilizados. De hecho, según pudo saber este medio, la empresa estadounidense le comunicó a las autoridades de la Ciudad que se abstuviera de utilizarlos.»

El chivo expiatorio de esta situación fue el subsecretario de Administración del Sistema de Salud, Nicolás Montovio, quien debió presentar su renuncia. El gobierno abrió una investigación para intentar averiguar si hubo perjuicios económicos contra el Estado.

Para echarle más leña al fuego, 3M comunicó que la empresa cuestionada, Green Salud, no pertenece a su cartera de clientes.

Por último, desde Infobae detallaron que la empresa que vendió los barbijos vencidos «está a nombre del abogado Ignacio Sáenz Valiente y de una empleada administrativa, Laura Jumerosky, que aparece en otra docena de empresas creadas por ambos como “Green Digital Services”, “Green Cocktails & Dreams Sa” y “Green Import & Export SA», entre otras. Llamativamente, luego del escándalo, la empresa de Sáenz Valiente ofreció donar los barbijos a la Ciudad, los mismos que quería vender a $3000. La firma también se apuró para rescindir el contrato.»